
CUANTA SUCIEDAD HAY EN LA IGLESIA
Card. Joseph
Ratzinger - Viernes Santo 2005
Al Cardenal
Ratzinger le han sido confiadas las meditaciones del Vía Crucis en el 2005
celebrado en el Coliseo. En aquel inolvidable Viernes Santo, uan Pablo II,
oprimido, casi enganchado al Crucifijo, en un consumido “ícono” de sufrimiento,
ha escuchado en silencioso recogimiento las palabras de aquel que habría
devenido su Sucesor en la Cátedra de Pedro. Significativamente, el leit-motiv
del Vía Crucis ha sido la palabra pronunciada por Jesús el Domingo de Ramos, con
la cual - inmediatamente después de su ingreso a Jerusalem - responde a la
pregunta de algunos griegos que lo querian ver: “Si el grano de trigo caído en
la tierra no muere, queda solo, si al contrario muere, produce mucho fruto” (Jn
12,24). Con estas palabras el Señor ha ofrecido una interpretacion
“eucaristica” y “sacramental” de su Pasión . Nos muestra - ha sido la reflexión
del Purpurado - que el Vía Crucis no es simplemente una cadena de dolor, de
cosas nefastas, mas es un misterio: es propiamente este proceso en el cual el
grano cae en la tierra y trae frutos. Con otras palabras, nos muestra que la
Pasión es un ofrecimiento de sí mismo y este sacrificio trae frutos y deviene
por eso un don para todos.
Sus reflexiones que resonaron en la noche del Viernes Santo en el sugestivo
escenario del Coliseo han quedado impresas en las conciencias de los hombres.
“... ¿No deberíamos
pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas
veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón
donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta
de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en
muchas teorías, cuántas palabras vacías!
¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre
los que, por su sacerdocio,
deberían estar completamente entregados a Él!
¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!”
“Señor,
frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace
aguas por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos
abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los empañamos nosotros mismos.
Nosotros quienes te traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las
palabras altisonantes. Ten piedad de tu Iglesia... Tú te has reincorporado, has
resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica a tu Iglesia. Sálvanos y
santifícanos a todos”.
Fonte:
www.vatican.va